Ahuyentamos la vida misma
Lamentamos antaños marchitos
Aullamos a una luna de plata
Redondez de milenios
Pecadora moribunda, espectadora de ilusiones
Que no es más que cómplice de mis desdichas
Trepadora de balcones rotos, se sueños tenebrosos
Ingenua y asesina, que resguarda a las sombras
Les da bendiciones, los anima a la lucha,
A las aparición de los seres, portal del infierno mismo.
Cristal en el cual reflejo mis agonías y tu mirada muerta
Envuelta tu alma de llamas y cenizas plateadas
Que no es más que tu verdadera forma inmortal
Me mostraste tu faz sin caretas ni mascaras
Me diste de tu fuego, sin miedo a que esta helada piel se quemara
Me entregaste risa, lujuria y desden, unas sinfonías de caricias,
Mentiras y verdades en bandejas de plata y oro
Sedas, flores y ropajes de ilusiones, quedaban desechos ante nuestras presencias
Todo ardía, todo volaba, nada es eterno, solo nosotros etéreos
Cosmos, energía, calor y belleza mortuoria.
Lamento no dejarte nada, lamento la ironía del eterno recuerdo
Miramientos y secuelas, solo polvo y aire se impregnan
En las alas de los seres nocturnos, en la esencia de los que no tienen cuerpo
Lagrimas plasmada, pues mi rostro no sabe llorar, lo ha olvidado
Pero sin medir las desventuras, se arriesga a ser humana una vez más
A sentir las claudicaciones del ser, a desierto de ideas, a la falta de sentido
A la falta de vida, que me diste aquella eternidad
Un poco de suspiros nuevos, una mirada siniestra
Un corazón latiente, una claridad pasajera.



